El mercado competitivo

El título universitario no define la competitividad del mercado, el contenido sí
Mi primera columna generó más atención de la que esperaba. Leyeron, discutieron, algunos criticaron con dureza y otros agradecieron. Hablé en todos los espacios (acá y por WhatsApp) con el mismo respeto con el que escribo esto ahora, fuera de cualquier tono personal, manteniendo una postura argumentada en el macro de la educación superior, y sin responder nada fuera de este mismo respeto. Sigo sosteniendo que no debemos bajar la vara y debemos poner el esfuerzo en el contenido de nuestras carreras. Esta vez, quiero acompañar esa postura con datos concretos.

Otras universidades (privadas) también forman buenos profesionales, y eso no es un problema
Quiero ser clara en algo que mi primera columna no incluí pero sí dije por chat a un representante estudiantil: estudiar en una universidad privada tiene muchas más opciones de horarios y carreras para tener una salida laboral instantánea, y no está mal. Tengo compañeros que salieron de la UNA y se formaron en universidades privadas y hoy son profesionales sumamente competitivos, líderes en sus empresas. Es una opción totalmente válida, de hecho el 90% de las mesas ejecutivas están compuestas por profesionales de universidades privadas: ofrecen variedad de horarios compatibles con el trabajo, y en muchos casos permiten acceder a mejores oportunidades laborales en menos tiempo. Lo digo como un hecho que hay que mirar de frente, porque el propósito acá es distinto.
Nuestro valor diferencial es la investigación y la excelencia académica, lo que supone que nos define como la universidad más importante del país. Si copiamos su modelo de flexibilidad sin tener su misma capacidad de inserción laboral inmediata, perdemos por los dos lados.
La estrategia más competitiva e inteligente es trabajar en todos los estamentos fortaleciendo la calidad académica que hoy no tenemos según nuestras expectativas. Eso es lo que a la larga entrega al mercado profesionales a la altura de los desafíos y entrega a los estudiantes las herramientas para ser líderes y decisores de influencia general.
Parte de esa estrategia, y lo sostengo desde mi primera columna, es reforzar la enseñanza de inglés técnico y abrir el camino hacia formaciones en el extranjero: intercambios, exámenes internacionales, pasantías y programas de cooperación con universidades de otros países. No lo digo como un lujo aspiracional, lo digo como una herramienta concreta de competitividad para el mercado local. Un profesional que puede formarse, aunque sea parcialmente, con estándares internacionales, vuelve con más para ofrecerle a nuestras empresas, a nuestras instituciones y a nuestro propio país. Esa es la clase de inversión que nos acerca al liderazgo que la UNA dice perseguir, no la de bajar requisitos.
Lo que piden ANEAES y CONES
Hay dos organismos nacionales que están empujando exactamente en la misma dirección.
Por un lado, el MEC dispuso que, desde 2026, todas las carreras comprendidas en la Ley N.º 2072 deban encontrarse en proceso de acreditación ante la ANEAES, y que a partir de 2028 el MEC solo registre títulos de carreras acreditadas. El presidente del Consejo Directivo de la ANEAES lo definió como «un paso fundamental hacia la construcción de un sistema educativo más riguroso, transparente y comprometido con la excelencia académica». Esto no es una sugerencia: es una exigencia que, en pocos años, va a determinar si el título que entregamos tiene validez legal plena o no.
Por otro lado, el propio Reglamento Académico que estamos discutiendo se apoya en la Resolución CONES N.º 221/2024, que establece el Sistema Nacional de Créditos Académicos – Paraguay, con el objetivo declarado de facilitar la comparabilidad de los aprendizajes entre instituciones y permitir el reconocimiento mutuo y la movilidad de estudiantes entre universidades de Paraguay y del extranjero. El propio CONES exigió a las instituciones un plazo de ocho meses para reglamentar la aplicación de este sistema, y de dieciocho meses para implementarlo en todos los planes de estudio.
En resumen: Es que ANEAES y CONES ya establecieron, a nivel nacional, que la acreditación y la comparabilidad internacional de nuestros créditos son el camino obligatorio de acá a pocos años. Bajar la exigencia justo ahora nos deja peor parados frente a esos mismos procesos que la propia UNA tiene que atravesar.
El objetivo de la UNA es liderar
La propia misión institucional de la UNA habla de formación con excelencia, investigación y desarrollo del país. Ese es el objetivo: liderazgo en investigación y excelencia académica. Y hoy, siendo honesta, no estamos ahí. La globalización nos obliga a pensar más allá de nuestros límites territoriales, y desde la universidad pública tendríamos que estar varios pasos adelante. No lo estamos, y bajar la exigencia no nos va a acercar a esa meta: nos va a alejar más.
Y acá quiero hacer una pregunta directa, sin vueltas: ¿para qué queremos recibirnos sin contenido? Un título no es un fin en sí mismo, es la prueba de que alguien está preparado para ejercer. Si vaciamos ese proceso de contenido, el título deja de significar lo que tiene que significar, y el mercado lo termina notando tarde o temprano. Un título universitario no define, por sí solo, la competitividad de nadie en el mercado laboral: lo que la define es lo que ese título realmente representa.
No lo planteo solo como consejera. Soy graduada de la Facultad Politécnica y egresada de MBA de la Facultad de Ciencias Económicas, ambas de la UNA. Me considero, y los resultados de mi trayectoria lo respaldan, una de las profesionales más competitivas de mi rubro a nivel país. Lo digo porque es la prueba de que el camino que planteo —exigencia sostenida, formación sólida, sin atajos— es un camino que funciona, por eso la representación de egresados llegó hasta acá.
¿Qué debemos hacer los tres estamentos en conjunto? Trabajar con coherencia en la construcción de una plataforma educativa de provecho real. Es lo que respondí a todos los que se acercaron con respeto.
¿Qué podemos hacer mientras tanto? Levantar los casos reales que traban la formación y el progreso del estudiantado, como algunos mencionaron.
Los números que respaldan
Dicho todo esto, prefiero no quedarme solo en el argumento: vamos a los números, porque son ellos los que terminan de mostrar por qué esta posición no es casualidad, sino el reflejo de un criterio que ya rige, con lógica y coherencia, en el resto de nuestra propia universidad.
Presupuesto: para 2026, la UNA presentó un presupuesto de 1.827.721 millones de guaraníes (unos USD 234 millones), con foco declarado en el fortalecimiento de la educación superior pública, la investigación científica y la extensión universitaria. Los recursos se orientan principalmente al sostenimiento del plantel docente y administrativo, la modernización de infraestructura académica y la inversión en equipamiento tecnológico. Es un presupuesto que crece por debajo de la inflación, lo que hace todavía más importante que cada decisión se destine a mejorar y no a sostener estructuras menos viables para alimentar académicamente.
Con más razón, debemos reforzar el contenido.
Asistencia mínima en la UNA, por facultad:
| Facultad | Mínimo exigido |
|---|---|
| FIUNA – Ingeniería | 70% (1.ª) / 50% (2.ª) |
| FACEN – Ciencias Exactas | 70% |
| FADA – Arquitectura y Diseño | 60%–80% según cátedra |
| FP-UNA – Politécnica | 70% |
| FCE – Ciencias Económicas | 70% |
| Derecho y Ciencias Sociales | 70% |
| Medicina | 70% o más (hasta 100% en rotaciones) |
| Odontología | 70% o más |
| Enfermería y Obstetricia | 70% o más |
| Ciencias Agrarias | 70% |
| Ciencias Veterinarias | 70% |
| Ciencias Químicas | 70% |
El 70% es el estándar que rige, con mínimas variaciones, en prácticamente toda la Universidad Nacional de Asunción.
Solapamiento de horarios entre materias:
De once facultades relevadas, la nuestra es la única que contempla alguna excepción, y no de forma automática: requiere informe de la Dirección Académica y resolución del Consejo Directivo. El resto —Ingeniería, Económicas, Exactas, Arquitectura, Derecho, Agrarias, Veterinarias, Químicas, Medicina, Odontología, Enfermería— no admite el cursado simultáneo de materias con horarios superpuestos.
Pedimos que estos dos puntos se mantengan para enfocar la construcción en el contenido de calidad.
Sigo sosteniendo lo mismo que en mi primera columna, ahora con más contexto: mantener el porcentaje de asistencia, no permitir el solapamiento entre materias, reforzar el inglés y la posibilidad de formación en el extranjero, y enfocar el esfuerzo institucional en el contenido de nuestras carreras. La Universidad Nacional de Asunción tiene que ofrecer la formación más sólida en investigación y desarrollo del país. Esa es la única forma de estar, como corresponde, varios pasos adelante.


Muy bien, ingeniera. Muy bien, principalmente en la idea de generar un debate serio sobre la educación superior. La única manera de generar un cambio para mejor es con un involucramiento serio de colectivos diversos, aportando a un debate que siempre se evitó. Creo que no es tanto por las instituciones que regulan o gestionan la educación, porque estos mismos pueden estar con errores de visión (son parte de la estructura histórica y sus integrantes están ahí gracias a esa estructura). Por todo esto, la única manera de generar cambio es con la discusión entre las partes que sufren las carencias de nuestra educación: estudiantes, docentes, profesionales. Tal vez hasta ahí, por la dificultad de nuclear también a muchos excluidos que son mayoría (qué también terminan sufriendo las consecuencias, finalmente).
Espero que se sumen más personas a la sana discusión y espero, de forma particular, poder discutirlo de forma más amplia en estos días con otras personas.
Desde ya, te agradezco que estés dedicando líneas a nuestro sistema de educación, malo histórico, lo digo de forma directa, pero que puede cambiar con un involucramiento serio.